«El ayuntamiento está siendo intransigente; vivimos en una época de baja cultura política»

Fuente: Gara

Nacido en Bilbo, aunque afincado Gasteiz, el artista Imanol Marrodán (1964) crea, idea y reflexiona desde su casa taller. En ese lugar imaginó «La inocencia, lo inesperado», que se ha visto obligado a defender, ya que el Ayuntamiento de Gasteiz la quiere trasladar, y así «mutilar». Denuncia la situación de su escultura y la vulneración de sus derechos como artista.

Itziar AMESTOY | GASTEIZ

Mutilada. Desvirtuada. «La inocencia, lo inesperado» fue creada para la plaza Euskaltzaindia y en ella, «sólo en ella», tiene sentido. Así lo defiende el artista Imanol Marrodán. La amenaza que padece es la futura construcción del BAI Center -conocido popularmente como el Auditorio- en el mismo espacio. Para denunciar esta situación el pasado 3 de febrero Marrodán se subió a lo alto de la escultura. El viento ondeó la bandera en la que se reclamaba «Rebelión y justicia »y alentó a rebelarse a todas aquellas personas que, como él, sufren injusticias.

¿Cómo ocurrió todo?

Cuando me comunicaron que iban a hacer un auditorio ahí, se abrieron unas conversaciones con el alcalde, Patxi Lazcoz y la ingeniería Idom hizo un anteproyecto de cómo debería ser. En ese anteproyecto se diseñó una plaza, ubicada a la entrada del auditorio. El alcalde se comprometió así a desplazar la escultura unos metros pero manteniéndola dentro de la misma plaza. No olvidemos que la escultura se hizo para ese entorno según las bases de un concurso.

¿Cúal fue su actitud?

Por el bien público no voy a hipotecar un espacio que es de todos. Si yo no moviera la escultura no se podría hacer el auditorio. Por eso me ofrecí a desplazar la obra y a que se integrase en el entorno, en la plaza del auditorio. La promesa de Lazcoz de que no iba a salir de ahí llegó hasta tal punto, que en el pliego de condiciones del concurso de arquitectura se incluyó, en la cláusula 6 y anexos 4, que todos los estudios de arquitectura debían integrar la escultura en el entorno inmediato, en esa plaza.

Sin embargo, ganó el proyecto de Mariano Bayón que no contempla la escultura.

Sí. El ganador, Mariano Bayón, incumplió esas bases. Él en un principio quería poner la escultura en un estanque del parque de Arriaga. Yo dije que no, que tenía que integrarse. Pero al final el ayuntamiento incumplió su promesa y decidió hacerle caso al arquitecto. Él decidió que su proyecto era incompatible con mi escultura y el consistorio quiere obligarme a moverla.

¿Cómo conociste la intención de trasladarla?

Yo no acepto el traslado, me están forzando y obligando. Sacarla de allí y llevarla a otro espacio es ilegal y atenta contra el artículo 14.4 de la ley de propiedad intelectual. Aun así, yo planteé dos proyectos de traslado. Intenté crear unas condiciones para poder integrar esa escultura en un espacio para el que no fue concebida. Parcialmente, cedí algo. No contentos con eso, argumentaron que no hay dinero. Pero yo no he provocado el traslado de la escultura ni los costes, sino el arquitecto.

¿Qué considera que necesitaría la escultura para funcionar en algún otro lugar?

Esa escultura necesita unas condiciones para estar en un espacio. Para eso hice dos propuestas de proyecto, sacrifiqué su emplazamiento. Una de ellas con los mínimos para que la escultura pueda funcionar y se pueda observar en un espacio similar al que de por ley ya tenía. Me contestaron que no. Primero me aseguraron que iría a la rotonda de Portal de Foronda con Baiona, pero es que no es una escultura con una rotonda.

En la siguiente reunión de Ensanche 21, donde les presenté otro proyecto con unos mínimos, con una reducción de 250.000 euros en el presupuesto, resultó que no hay dinero y que mi obra la van a poner en la hierba, en la mediana de Portal de Foronda. Argumentaron que en un futuro harán el estanque y las condiciones mínimas requeridas. Es una escultura para ser vivida y que la gente este alrededor, es un elemento de ocio.

Con el traslado quedaría desvirtuada, mutilada.

Ya hay una indignación por mi parte. La escultura lleva con el estanque ocho años sin funcionar, sin que el ayuntamiento haga el mantenimiento y la pongan en marcha. Tiene un sistema hidráulico, que nunca se ha puesto en marcha y ahora pretenden trasladarla sin contar con mi asesoramiento ni mi autorización. Sólo la superficie son 252 elementos soldados y pulidos a mano.

Por otro lado, corre el riesgo de que se estropee. Sólo para el proceso de composición miré más de veinticinco empresas que me decían que no podían hacerla. Al final, se encargo de hacerlo todo manualmente una empresa que tenía personal mayor jubilado. En caso de que se estropee, sólo puede arreglarla ese taller y el problema es que además pueden dañarla irreversiblemente.

¿Cómo valora la actitud del Consistorio?

Es una actitud intransigente. Vivimos en una época de baja cultura política, en la que cada vez se nos recortan más las libertades personales e individuales del ciudadano. Estamos viviendo una época en donde las responsabilidades de la economía están recayendo en el ciudadano de a pie. Lo que habría que hacer es buscar la optimización de los recursos tanto económicos como humanos. Lo que ocurre es que los políticos no gestionan bien los recursos. No se pueden entender que nos estén recortando las libertades, que nos digan que tenemos que nadar a 110 en vez de a 120 cuando los diputados cobran pensiones multimillonarias.

Cuando resulta que el ayuntamiento está metido en un proceso de un auditorio en el que llevamos gastados un montón de millones de euros y que en el mejor de los casos probablemente se abandone. Si se hace, es un autentico disparate. 180 millones -con el IVA-, es una cifra que no la puede asumir. Prácticamente el 85% es del ayuntamiento. Y si cuando pasen la elecciones, no se hace, ¿quién va a pagar la aventura del alcalde, esos millones que ya ha gastado?

¿Qué medidas prevé para seguir defendiendo su obra?

Seguramente demandaré al ayuntamiento. Una vez que infrinja la ley y mueva la escultura, les demandaré en el juzgado civil. Lo que ocurre es que les importa tres pepinos, porque ellos no pagan. Ese dinero va a salir del bolsillo de todos los ciudadanos.

¿Mantiene las ganas de seguir creando obras destinadas para el espacio público?

El espacio público es complicado. Seguiré haciendo proyectos pero evidentemente ya no me van a dar ninguno. Soy el malo, estoy en la lista negra por defenderme, por decir `no’. Al final no me importa, seguiré trabajando en otros sitios. Creo en la función terapéutica del arte y también creo en que el arte puede ser una herramienta aplicable a múltiples cosas practicas: urbanismos, arquitectura, intervención social…

«No sólo yo sufro injusticias; todo el mundo las padece. Incito a que la gente proteste y se rebele contra ellas»

Para denunciar su situación, ideó la performance «Bandera de oración».

Con mi acción he reivindicado el derecho a rebelarse, a la desobediencia. Abogo por que ante unas medidas represivas, haya una rebelión de los ciudadanos. Utilicé un proyecto artístico para un espacio público. «Banderas de oración» está inspirado en las banderas que se usan en el budismo tibetano en Nepal y en el Tibet. Ellos lo llaman «Caballo de viento». Suelen utilizar banderas, cada una con un color y una simbología, en las que escriben unas oraciones. El viento las hondea. Se cree que también el viento ora ayundando trasmitir el mensaje escrito en la tela. Me gustó la idea porque es contestatario. Mi proyecto es hacer banderas rojas que transmitan mensajes como amor y libertad o rebelión. Utilicé esta última para protestar por el tema de mi escultura. Estaba dedicado a la injusticia del recorte de libertades y abogaba porque las personas no se dejen intimidar, a que la gente proteste y se rebele contra la injusticia. No sólo yo sufro injusticias, todo el mundo las padece. Al final, sólo pretendo incitar a la rebelión.

No es el primer conflicto entre un artista y un consistorio, ni será probablemente el último.

Cuando un partido llega al poder se reparte las concejalías, pero no las reparten en torno a unos especialistas, se las dan a su amigo y no tienen ni idea de la propia materia que tendrán que gestionar. Lo que ocurre es que no se valora el arte. La política tiene un concepto del arte y la cultura como que no vale para nada. Hay que tener en cuenta que el arte genera riqueza moral y espiritual pero también económica. Cuando yo hago una exposición o cuando hago una escultura estoy generando un montón de trabajo a mi alrededor. Además, el arte tiene una cualidad terapéutica y curativa. Nos ayuda a sobrellevar la existencia y la miseria humana. Nos ayuda a reivindicar y a pensar. También el arte y la cultura pueden intervenir en bienestar social, en urbanismo y en otros ámbitos que son prácticos. Ese concepto a los políticos se les va. Yo creo en la función terapéutica y curativa del arte.

I. A.

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